El síndrome genitourinario de la menopausia (SGUM) son los cambios que experimenta vulva, vagina, vías urinarias y suelo pélvico provocados por el descenso de los niveles de estrógenos que provocan fragilidad de la piel, mucosas y músculos de esta área.
También podemos encontrar estos síntomas en mujeres más jóvenes como las usuarias de anticonceptivos durante largo tiempo, las mujeres con cánceres que precisan tratamientos hormonales o de quimioterapia.
Entre el 60 y el 90% de las mujeres con menopausia en España presentan en mayor o menor medida algún síntoma relacionado con el SGUM.
Los síntomas más frecuentes son: sequedad vaginal, irritación, sensación de ardor o tirantez en los genitales. Las relaciones sexuales suelen se menos satisfactorias por falta de lubricación e incluso se vuelven dolorosas. Aumenta la frecuencia miccional y se perciben continuamente ganas de orinar, lo que incluso provoca que la paciente se tenga que levantar varias veces en la noche. La debilidad de la musculatura pelviana hace que aparezcan prolapsos que la paciente percibe como tumoraciones en la vagina. Todo ello hace que la calidad de vida disminuya.
El diagnóstico se ve muchas veces retrasado porque las pacientes no cuentan estos síntomas a sus ginecólogos o porque los ginecólogos no preguntamos específicamente por ellos a las mujeres en menopausia. Es necesario generar confianza con la paciente. Se debe hacer una valoración del estado de la vulva y la vagina, sin olvidar la musculatura pelviana e indagar en los síntomas miccionales.
Actualmente, existe una gama amplia de tratamientos tanto vaginales como orales, hormonales o no. Con frecuencia los fármacos vaginales (hidratantes o compuestos con estrógenos) no proporcionan una mejoría completa y hay que recurrir a infiltraciones con hidratantes potentes como el ácido hialurónico, láser genital y fisioterapia específica.
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